Voluntar

Cuatro ángulos de una misma propuesta

Tras la exposición general del manifiesto, esta página presenta los cuatro ángulos desde los que se sostiene la propuesta, cada uno desarrollado monográficamente.

El español tiene voluntad, voluntario, voluntariamente, voluntariado, voluntarismo.

Tiene casi toda la familia. Le falta, precisamente, el verbo: una forma específica para designar el acto de ejercer la voluntad.

No es una carencia menor. Durante siglos, los místicos del Siglo de Oro hablaron del acto volitivo puro sin disponer de un verbo que lo nombrara. Los traductores de filosofía y teología han tenido que elegir entre querer y desear —dos verbos que admiten connotaciones que el acto de voluntar no tiene—. Y hoy, cientos de miles de estudiantes hispanohablantes leen una enseñanza contemporánea central sobre la voluntad en una traducción que carece del verbo nuclear de esa enseñanza.

Esta página presenta los cuatro ángulos desde los que se sostiene la propuesta de incorporar el verbo voluntar al léxico del español. Cada ángulo se desarrolla en una página propia.

Un vacío léxico

El español ha dejado una casilla vacía en un paradigma que el propio sistema del idioma ya predice. Donde otras lenguas disponen de to will, wollen o velle, el castellano concentra el acto volitivo en querer, un verbo que mezcla deseo, inclinación y capricho. Esta sección desarrolla el argumento morfológico y filológico: por qué voluntar no es un neologismo forzado, sino la consumación natural de un paradigma que llevaba siglos incompleto.

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La tradición mística hispana

Teresa de Jesús, Juan de la Cruz y Miguel de Molinos hablaron constantemente del acto de entregar, ejercer y alinear la voluntad con Dios. Lo hicieron siempre con circunloquios, porque el idioma no les ofrecía otra cosa. Esta sección examina cómo la mística española del Siglo de Oro ha necesitado durante cuatro siglos un verbo que aún no existe, y muestra con textos concretos dónde se nota la ausencia en cada uno de los tres autores.

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Filosofía y teología

De Agustín a Nietzsche, de la teología clásica a la filosofía contemporánea, la reflexión sobre la voluntad como acto —no como facultad abstracta— ha exigido un verbo que el español nunca ha tenido. Esta sección muestra las consecuencias concretas de esa carencia en la traducción filosófica y en la formulación de la doctrina cristiana, y explica por qué decir «Dios quiere» o «Dios desea» introduce connotaciones teológicamente erróneas que «Dios volunta» resolvería de raíz.

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Un curso de milagros

La obra que ha hecho esta propuesta inaplazable. El Curso es, en su fondo, un manual sobre la voluntad; y la traducción española no dispone del verbo que su enseñanza exige. Esta sección analiza qué se pierde al traducir sistemáticamente to will por querer, y por qué los cientos de miles de estudiantes hispanohablantes del Curso son hoy la comunidad más interesada en la adopción de voluntar.

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Cada uno de estos cuatro ángulos se sostiene por sí mismo. Juntos, dibujan la imagen de un idioma que, sin saberlo, lleva siglos pidiendo este verbo. Si la propuesta te convence después de conocerla por dentro, firma el manifiesto.